Mi primer año

Un año hace ya de aquella tarde de sábado en la que abrí por primera vez al público la puerta de la tienda. Parece mentira cómo ha pasado el tiempo. Miro fotos y aún me llega el calorcito de toda la gente que estuvo aquí dándome su apoyo.

Aquel sábado empezó un año de trabajo, de satisfacciones, de miedos, de penas, de más satisfacciones, de aprendizaje… He conocido a muchas familias gracias a la tienda y he aprendido muchas cosas de ellas. Me ha dado tiempo a grabar un spot  y salir en telemadrid.

He aprendido cosas sobre mi misma, he aprendido cosas sobre los bebés, sobre la crianza, sobre las relaciones humanas. He aprendido que siempre hay algo más allá de lo que vemos, que no podemos quedarnos con lo primero que se nos muestra. He aprendido cosas de mis colaboradores, de mi familia, de mis hijos, de mis amigas, de mis vecinos del barrio… Y cada día vengo a trabajar feliz de poder entrar aquí y vivir lo que ese día me depara.

La tienda ha crecido, he podido ampliar el stock de los artículos que más os interesan, el abanico de actividades también es mayor pero sobre todo he crecido yo.

Este trabajo me ha brindado la posibilidad además, de poder echar una mano a otras personas y eso siempre llena el alma. ¿Verdad?

Tengo que agradecer a muchísima gente su compañía en este camino. A Marta, principal culpable de que ahora esté aquí escribiendo esto porque aún en la distancia la siento cerca y siempre está para facilitarme las cosas.  A mi familia, claro, que acuden cuando hace falta para echar una mano. A mis amigas y comadres que me alientan, aconsejan, animan y hacen reir. A mis amigos de antes que me ultimamente me han ayudado a desconectar de todo y conectar con mi “Yo Natalia a secas”, a las amigas y comadres virtuales que a través de FB están siempre ahí para acompañarme también, y a la competencia también, que hay alguna sin la que esto no sería lo mismo. Y obvio, a todas las familias que habéis confiado en mi en un momento tan especial de vuestras vidas y habéis llenado con un poquito de calor, este mini mundo que es mi tienda.

Mil gracias y a por muchos años más.

Competencia

El sábado inauguraron nuevo espacio las chicas de Oh la Luna. Muchos, si no todos, conoceréis a Elena y Eloisa. He revivido sus trámites para la inauguración como si fueran los mios de hace un año. Les decía en una conversación que estaba como reviviendo mi propio parto al acompañar el parto de una amiga…¿no os ha pasado? Ha sido bonito.

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Oh la luna me ha inspirado siempre, hasta el punto de haber hecho la formación de asesora de Monitos y Risas con Elena y participar en su Ateneo. He compartido artículos suyos (y de otras compañeras de profesión) en mi muro y en la página de facebook de Mis Canguritos. He recomendado a clientas que se acerquen a su tienda o por cercanía o porque  el asesoramiento que necesitaban lo podían recibir más completo allí. Cuando me preguntan por vídeos de porteo además de los que grabó Marta y tenemos en nuestro canal, doy algunos canales más que a mi me parecen muy profesionales. No es que seamos súper colegas, no vivimos cerca, no nos invitamos a los cumpleaños de nuestros hijos ni hablamos por privado generalmente salvo por cosas de trabajo o de Red Canguro asociación a la que pertenecemos la mayoría desde antes de vivir de esto. No me llevo comisión ¿Y entonces?  ¿De buena soy tonta? El otro día me decía Ana, una mujer que me encanta, que gente como yo destrozamos el concepto “competencia”  y ahí creo que está el quid de la cuestión. 

Veamos qué significa competencia… Una de las acepciones que aparecen en la RAE dice así: “Oposición o rivalidad entre dos o más que aspiran a obtener la misma cosa.” Para mi, a lo que aspiramos las personas que nos dedicamos a acompañar, asesorar, dar apoyo a las familias… es suficientemente importante para el mundo (me pongo romántica, qué le vamos a hacer) y para nosotras mismas como para no vivir este camino con rivalidad. Creo que, precisamente por el fin que buscamos, es más fructífero trabajar unidas, desde el respeto y el acompañamiento entre nosotras, siendo conscientes de que vivimos de la misma manera este trabajo y que podemos complementarnos, apoyarnos para dar el mejor servicio posible a las familias que recurren a nosotras. Decía Elena en una de sus charlas que pensemos que tenemos la capacidad de cambiar vidas, de hacerlas un poquito mejor, de cambiar el mundo. Creo tan firmemente en eso que ¿por qué solo voy a aplicarlo a mi parcelita, mi tienda, mis clientes? ¿No será mayor el cambio si trabajo de la mano de otras madres o profesionales como yo? 

Iba a decir que no es mérito mio peeeero me he acordado de que, precisamente Elena, me medio riñó (es uno de sus numerosos encantos jaja) porque al felicitarme por lo bien que me habían salido unas galletas dije quitándole valor “son muy fáciles de hacer” Y me dijo algo así como: “¡Pero bueno! ¡qué mania con menospreciar las cosas que hacemos! será fácil o no fácil pero le has dedicado tiempo, cariño..etc etc” Y me quedé mirándola pensando “Pues oye, tiene razón” para variar… jeje. Así que bueno, algo de mérito tiene mi forma de ser. Siempre digo que tengo mucha suerte por lo bien rodeada que estoy de gente maravillosa pero también es cierto que algo de culpa será mia, ¿no? Pero aparte de que yo sea así de maja, de colaboradora, etc, etc, no es con todo el mundo.

Si yo me comporto así con algunas compañeras de sector es porque creo en esta forma de trabajar, en sumar…pero aparte, hay muchas que para mi son referencias. Mujeres en las que creo, de las que aprendo, y en las que sé que puedo apoyarme. Son personas que viven de esto, pero no van al negocio puro y duro, que no buscan el margen más alto a la hora de vender, que no pisan al resto. Son mujeres que puedo recomendar con los ojos cerrados. Se actualizan y trabajan para ofrecerte lo mejor para ti, lo que necesitas realmente. Que trabajan incansablemente para formar a otras conciliando de manera casi mágica. Habrá quien no entienda que viva así este trabajo (imagino que quien se dedica a esto pensando que es un filón y un mercado emergente y que va a sacar el máximo beneficio), pero es que para mi, el mayor beneficio es el de sentir que provoco un poco ese cambio en la vida de los demás, que como me pasó en su momento, las familias que llegan a mi descubren un mundo entero de posibilidades para disfrutar y vivir plenamente la maternidad.10814204_10204037582634355_843075330_n

No puedo nombrar a todas las que estáis en mi camino, como referentes o a mi lado, porque sois muchas y, tal y como tengo la cabeza hoy en día, se me olvidaría algún nombre seguro…. además estoy convencida de que sabéis quiénes sois. Lo que sí voy a hacer es felicitar a Elo y Elena por su nuevo espacio, por su trayectoria, por cómo curran y cómo son. Y, además, agradecerles sus achuchones, su cariño, y que cada vez que nos vemos me hacen sentir una más.

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Un abrazo chicas, gracias por inspirarme

 

 

 

 

Black Friday and a Happy New Year

Queridos amigos.

Sois varios los que preguntáis si haremos descuentos mañana y he pensado que mejor que ir uno a uno contestando o teneros pendientes de nuestras publicaciones, no estaría mal escribir un post sobre el tema. Os merecéis eso y más, jejeje.

Particularmente, y sin entrar en muchos detalles, me cuesta mucho mucho hacer ese tipo de promociones. Cuando llevas poco tiempo trabajando con algún producto, el margen es menor. En la mayoría de los casos los artículos salen mejor de precio cuanto más compres y cuando llevas un año con una tienda no puedes comprar de mucha en mucha cantidad. Además, una tienda física requiere una serie de gastos (alquiler, calefacción, luz) y en mi caso además, el asesoramiento es gratuito y creo que le dedico mucho tiempo, el necesario, a cada familia… Ya sólo el no cobrar por asesoría se podría considerar descuento, ¿no os parece? Comprar aquí tiene una serie de ventajas como poder probar las cosas antes de comprarlas, tocarlas, verte utilizándolas… de hecho desde que abrí hace un año apenas he tenido cambios o devoluciones.

Dentro de unas dos semanas, la tienda de Torrejón de Ardoz cumple un año. Ha sido un año genial, de mucho aprendizaje, lleno de emociones y experiencias enriquecedoras gracias a vuestra compañía y cómo me dejáis entrar en vuestras vidas. En Saldaña están de celebración también por unas novedades que dentro de nada Marta compartirá con vosotros. Y, además, estamos a punto de llegar a los 6000 fans de Facebook. ¡¡¡Seis mil!!! Sois muchos los que estáis al otro lado motivándonos a seguir currando, aprendiendo, mejorando… Y, obviamente, queremos celebrarlo con vosotros.

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Por todo esto, hemos pensado que NO vamos a unirnos al Black Friday como el resto de tiendas si no que vamos a mantener descuentos y promociones todo el mes de diciembre en las dos tiendas. No necesariamente van a coincidir, aunque habrá algunas que compartamos, y en función de vuestras demanda pueden ir variando…ya sabéis que nos gusta adaptarnos a vuestras necesidades.

En Torrejón de Ardoz, podéis disfrutar de unos precios rebajados en toda la ropa de Pentelka, un 10% de descuento en los artículos de Medela y las muselinas de XKKO, por ejemplo. Además, en este año una de las cosas que más me ha llenado ha sido veros volver, os lo he dicho más veces. Veros en el embarazo y que volváis una vez que ha nacido el bebé me encanta y ver a vuestros peques crecer más aún… Por eso, he pensado que regalaros por cada compra superior a 100 euros una tarjeta regalo de 15 euros para gastar hasta marzo de 2015, es una buena manera de que os cundan los regalos de las navidades y podáis seguir viniendo por aquí, de agradeceros que contéis conmigo en esta etapa tan importante de vuestras vidas y celebrar que llevamos un años juntos y que vamos a pasar muchos más.

En la tienda online podréis disfrutar de descuentos en varios artículos como ropa de Pentelka, pañales, algunas ediciones limitadas de Didymos y ¡muy pronto haremos un sorteo para celebrar los 6000 fans! ¡¡Un abrigo de porteo y una mochila pueden ser vuestros por seguir nuestro muro en Facebook!!

Gracias por estar a nuestro lado. Un abrazo, y desde mañana hasta el 31 de diciembre disfruta de nuestro particular Black Friday and a Happy New Year.

Soy madre y soy hija.

Ser madre es complicado. Es difícil. El otro día lo comentaba en Facebook:

Buenos días y feliz fin de semana. Me pregunta Facebook que en qué estoy pensando y quería compartirlo con vosotros. Pienso que ser padres no es nada fácil. Nos creamos expectativas sobre cómo será el embarazo, cómo será el parto, la lactancia, dormir… Llega luego ese momento y en muchos casos las expectativas no se cumplen. No es fácil, hoy en día menos. Se pasan momentos muy malos, de tensión, de miedo, de agotamiento… Y en muchas ocasiones no tenemos con quién compartir esos sentimientos negativos por lo que, encima, nos echamos la culpa por no ser las madres (o padres) felices y maravillosos. No es fácil , aquí lo veo cada día, y quiero deciros que es normal, que es lícito que queráis gritar, llorar, mandar a la mierda a las visitas, a vuestra pareja, al portabebé, a la sillita del coche que se atasca cuando estáis atando al bebé, a la vecina que os suelta una impertinencia… Soltar, soltar lo que os ata y agobia y buscar vuestra red de apoyo, a alguien que haya pasado por lo mismo que vosotros o esté en vuestra situación. Buscar un grupo de lactancia (en Torrejón, Alcalá y Torres de la Alameda tenéis a Grupo Lactard y en Velilla ha arrancado otro grupo “De mamá a mamá”), a alguna mamá de Red Canguro o lo que sea pero no os quedéis con la sensación de que sois la única persona que siente eso con la maternidad, porque no, no sois los únicos que queréis salir corriendo en dirección contraria en algunos momentos. Un abrazo a todos y gracias como siempre por enseñarme tanto y dejarme estar a vuestro lado en momentos tan especiales y delicados.   Natalia.”

Quienes me conocéis sabéis que suelo decir que me falta apoyo familiar. Mis padres viven en otra ciudad, mi suegro está enfermo y depende totalmente de mi suegra. Mis hermanos y mis cuñados no viven cerca o tienen horarios incompatibles con echarme una mano con los niños. Hoy quiero matizar esa afirmación. Es cierto que no tengo la posibilidad de llevar a Alicia a casa de mis padres si nos despertamos y tiene fiebre o me surge una emergencia, pero tengo a mis padres a 3 horas para lo que necesite.

Este fin de semana no ha pasado nada gravísimo, no hemos tenido una emergencia y hubiéramos sobrevivido sin ayuda pero el jueves hablé con mis padres y el viernes los tenía en casa, cariñosos, sonrientes, dispuestos… Los niños están felices con ellos y yo me siento totalmente desahogada.

He pasado unos días de querer salir corriendo, saturada de casa, de trabajo, de ser madre. Si, de ser madre también. Y mi madre me ha dado la oportunidad de desconectar de todo lo que dificulta disfrutar al 100% de los peques. Comidas, compras, coladas, pañales.. Me he duchado con calma, he podido salir a trabajar sin carreras ni agobios. He llegado a casa a mesa puesta e incluso he salido por Madrid con Juan Carlos y amigos sin los peques después de más de tres años y medio.

Ser madre no es fácil, y hoy pienso que ser madre de una madre debe serlo menos. Debe ser difícil ver a tu hija cansada, a veces sin aceptar que le echen una mano. Debe ser difícil esperar días una llamada y aguantar sin llamar para no pillar a tu hija durmiendo a los peques. Debe ser difícil mantenerse al margen cuando hay conflictos “madre-hijo” y tu instinto y experiencia te piden intervenir. Debe ser difícil preocuparte por los tuyos y estar lejos. 

Ser madre no es fácil. Ser mi madre no debe serlo. Vivo todo intensamente, me cuesta pedir ayuda, y recibirla también. En cuanto a crianza además he hecho algunas cosas de manera diferente a como lo hizo ella y eso podría haber sido un problema en otra casa. Quizá en algún momento nos ha afectado, claro, pero al final por encima de las ideas está el amor, y el respeto. Me cuesta a veces ser hija, pero mi madre no ha dejado de ser madre y aunque yo tenga mi familia, mi manera de hacer las cosas, mi casa, mi trabajo…espera a que pida ayuda y que me mimen y en lo de mimar, nuestras madres sacan matrícula ¿verdad?

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Tengo que dejar de decir que no tengo apoyo familiar, porque tengo el apoyo de mis padres cuando lo necesite. No es inmediato, no viven cerca, pero sé que están para lo que necesite, y para lo que no necesite también porque tienen esa disponibilidad prudente, que te hace sentir cómoda. Respetan, y dan sostén. Tengo mucha suerte.

 

Noviembre en Torrejón de Ardoz

En MisCanguritos Torrejón empezamos Noviembre con novedades.

Hemos traído más juguetes de Plan Toys y de Flatout Frankie y apostamos por las condiciones de comercio justo, los coloridos diseños y excelente calidad de la ropa de algodón orgánico egipcio de Kutuno que nos han enamorado.

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Queremos brindaros un servicio de mayor calidad por lo que hemos hecho una inversión en stock. Tenemos disponibles modelos de Emeis, Boba (tanto fulares como mochilas), Ergobaby, abrigos de porteo, collares de lactancia y demás artículos que ya podíais adquirir en la tienda física. Consulta antes de venir si es algo muy específico. Y además, ¡¡tenemos tarjetas regalo!!

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En actividades tenemos como novedad Yoga para niños!! Se ha formado un grupo de peques de 3-4 años, consúltanos si tienes interés en otras edades.

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Hemos arrancado también un grupo de bebés hasta dos años de Juego en Familia con Froggies, y estamos preparando un par de actividades nuevas que os van a encantar también.

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Las actividades de Yoga para embarazadas, y las minisesiones de Belly painting siguen funcionando fenomenal y la escuela de padres sigue creciendo.

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 Este mes tenemos los talleres de Comunicación de Signos para bebés con Otanana el sábado 15 y el 22 viene NUF con sus talleres de BLW y Puntos mágicos.

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Y terminamos con el taller de masaje infantil de Lidia Abades y por petición popular el sábado 29 de noviembre por la mañana viene ¡La Colasa con su Cuenta Cuentos!

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Como siempre, síguenos en las redes sociales o contacta con natalia.gil@miscanguritos.com para más información.

Feliz mes de noviembre y permaneced atentos porque…

¡en Diciembre cumplimos un añito y tendremos muchas sorpresas!

PORTEO Y APEGO: FORTALECIENDO EL VÍNCULO

¿Cuántas veces hemos oído la frase “no lo cojas tanto que se malcría”? Y es que vivimos en una sociedad que parece buscar la autonomía del individuo desde su más tierna infancia, obviando que somos seres sociales, con instinto gregario y necesidades de contacto muy fuertes.

Estas necesidades de contacto y de vínculo se manifiestan sobre todo en los bebés durante sus primeros meses de vida, desde recién nacidos. EL grado de satisfacción de esa necesidad condicionará en gran medida su manera de enfrentarse a la vida adulta.

Este vínculo emocional que establece el bebé con su cuidador principal , preferiblemente la madre* en la primera etapa, influirá en su estabilidad emocional futura. Es lo que se denomina apego.

El apego, estudiado fundamentalmente por Bowlby y Ainsworth durante el siglo pasado, puede ser seguro o inseguro. Lo ideal es que los bebés desarrollen con sus padres un apego seguro en el mayor porcentaje posible. Los apegos inseguros van a producir en el bebé hostilidad e incapacidad para tener relaciones saludables en su vida adulta.

Lo ideal es conseguir  un apego seguro y para ello están diseñados los mecanismos  biológicos, neurológicos y endocrinos de interacción del bebé con  su madre*. El bebé no busca los brazos por estar “malacostumbrado” sino todo lo contrario, es su instinto el que le pide estar cercano a la madre, que le da alimento, consuelo y protección, afecto y estimulación.

La atención constante a las necesidades del bebé (físicas y emocionales), la presencia física, el contacto, la disponibilidad emocional de la madre para atenderlas de buen grado son factores clave para establecer y mantener el apego seguro.

Aparte de los mecanismos biológicos “de serie” para establecer el vínculo, hay otras prácticas favorecedoras, como son la lactancia materna a demanda, el colecho y el porteo.

El porteo se convierte así en una herramienta facilitadora de la consecución de ese vínculo emocional seguro que permitirá que el niño desarrolle una personalidad equilibrada. El porteo, además de facilitar el contacto físico constante con el bebé, ayuda a la comunicación entre bebé y cuidador, ya que los signos de necesidades del bebé (hambre, sueno, etc.) se detectan antes y no es necesario que el bebé llore y genere estrés.

Entonces, vamos a olvidar la palabra “malcriar” asociada a coger a nuestros bebés, porteándolos estamos contribuyendo a su bienestar presente y futuro y nada ni nadie debe interferir en esa búsqueda del bienestar.

* Hablamos  de la madre como cuidador principal  porque es la persona biológicamente preparada para atender al bebé en todas sus necesidades. Por supuesto, el padre y otros cuidadores también pueden establecer una vinculación con el bebé en otro grado.
Cuando no es posible la vinculación con la madre, lo ideal es que haya una figura maternante con presencia estable en la vida del bebé con la cual establecer ese apego seguro.

Para saber más:

http://www.uned.es/dpto-psicologia-social-y-organizaciones/paginas/profesores/Itziar/IE_AEstres06.pdf

http://www.craneosacral.org/INFANCIA/apego.htm

http://www.psicologia-online.com/infantil/apego.shtml

http://rosagonzalezlana.blogspot.com.es/p/tipos-de-apego.html

 

La Aventura de la Lactancia

Una de las cosas que más lágrimas me ha costado y a la vez más he disfrutado de mi maternidad es la lactancia. Llevo 3 años y medio dando pecho y he empalmado una lactancia con otra. Es una experiencia preciosa y como dice el lema de este año de la SMLM es un triunfo para toda la vida.

Cuando estaba embarazada de Eduardo pensaba “intentar dar el pecho” y si no podía pues biberón. Daría el pecho hasta los 4 meses,fecha en la que me incorporaría a trabajar y celebraría la fiesta del destete en Madrid tomando mojitos… Aún me están esperando en la latina para esos mojitos jejejeje. Eduardo nació en un parto provocado en la semana 34, casi 35. Este parto ya os lo contaré pero fue bien distinto al de Alicia. Salimos del hospital con lactancia mixta, pezoneras y bastante información (hoy puedo decir desinformación) sobre cómo alimentarle.

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Entre los maravillosos consejos recibidos como darle cada tres horas, estaba el de darle 15 minutos de cada pecho (típico) solo que en mi caso lo complicaron aún más añadiendo “de toma efectiva” Tenía que darle 15 minutos de toma efectiva de cada pecho así que me tiraba el día con un papelito apuntando si había mamado 3 minutos y luego succionaba sin tragar, y luego seguía… En fin, una locura. A la semana de nacer Eduardo volvimos al hospital a una revisión y la pediatra que nos atendió me preguntó después de oir cómo estábamos alimentando a Eduardo “¿Tú qué quieres hacer?”… Wow! creo que era la primera persona del hospital que me hacía esa pregunta. “Darle teta” contesté…Ya no quería solo intentarlo, quería conseguirlo. Algo cambió en mi cuando cogí a Eduardo por primera vez, y verle tan pequeño aumentaba mi instinto protector. Nos dijo que en esa semana no había ganado peso suficiente pero que tampoco había perdido y nos dio una oportunidad. Nos pautó 3 días de “tratamiento” que consistían en:

-Olvídate de biberones.

-Mucho piel con piel, todo el que puedas. Visitas, si te impiden el piel con piel, las mínimas.

-A la primera señal de búsqueda, ofrécele el pecho, sin horarios, sin cronómetro.

-Olvídate de todo lo demás, si hace falta que tu pareja te dé de comer a la boca.

-Si puedes, échate las siestas con él.

¿No os parece maravilloso? Tengo pendiente localizarla para agradecerle que diera ese giro a mi maternidad. A ella y a mi matrona, en la que confío plenamente, que me vio a continuación y me confirmó toda la información que me había dado la pediatra del hospital.

Volvimos a los tres días y nos felicitó. Eduardo había engordado lo suficiente como para olvidarnos de la leche artificial. Nos costó unas semanas más establecer la lactancia y quitar las pezoneras pero lo conseguimos. La vuelta al trabajo era mi fecha tope pero descubrí que se podía dar pecho más allá de ese momento. Fui a ver a mi matrona que me dejó un sacaleches para que probara a sacarme mientras pensaba si quería sacarme y mantener la lactancia. Iba al grupo de apoyo de la lactancia y me animé a extraerme leche y a reducir jornada para que Eduardo se quedara con su padre en lugar de en una escuela infantil. Me dejé llevar por Eduardo, por mi instinto y con el porteo la verdad es que era muy sencillo. Podía atender su demanda en cualquier sitio y momento. Me sentía libre y disfrutaba muchísimo.

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Recuerdo comentarios de la gente sobre si el peque tomaba demasiado a menudo o si le llevaba demasiado en brazos, pero nos daba igual, no hacía caso de leyendas urbanas ni mitos. Recuerdo muy claramente dos en concreto: 1-que si hablaba mientras el niño tomaba teta tragaría aire. 2-que si tomaba bebidas frías mientras daba pecho le salía fría la leche. Me han dicho de todo en 3 años y medio, os podéis imaginar…y más aún al dar el pecho a la vez que estaba embarazada de la pequeña, pero gracias al apoyo de Lactard, y de otras amigas que la maternidad me ha regalado fui a contracorriente de manera segura y confiada.

Con los médicos no he tenido pegas salvo uno que me atendió en urgencias cuando Eduardo tenía 7 meses y me dijo que no podía recetarme primperán si no destetaba…o la enfermera que me dijo que tenía que reducir tomas a Eduardo de 6 meses porque mi leche era muy grasa. Por lo demás he tenido la suerte de toparme con profesionales sanitarios actualizados y con interés en el tema.

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la verdad es que parecía un pequeño Buda…

Disfruté mucho, mucho, de la lactancia de Eduardo (que aún no puedo decir que haya terminado aunque tiene pinta de que el destete ha llegado) hasta que en el embarazo de Alicia empecé a sentir agitación del amamantamiento (de esto escribiré otra entrada) y lo pasamos muy mal. No sabía qué era lo que me pasaba, y estuve a punto de destetar a Eduardo. Al final seguimos con la teta (gracias a otras madres que aparecieron en mi vida) y me alegré infinitamente cuando al poco tiempo le ingresaron por bronquiolitis. No comía nada. Nada de nada, salvo la teta. Los pediatras pasaban y preguntaban “¿ha comido?” “No” “¿la teta?” “no la suelta” “Perfecto” y se iban… si no llega a ser por el pecho no sé cuánto tiempo hubiéramos estado en el hospital, seguramente con sonda para alimentarle.

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Cuando Alicia nació también me alegré enormemente de haber continuado con la lactancia de Eduardo. Ya lo he comentado más veces, que se conocieran compartiendo teta creo que favoreció la adaptación de ambos. Además, a pesar de llevar dos años dando pecho, Alicia era un bebé distinto, y por tanto una lactancia distinta que también debía instaurarse…Una lactancia con su subida en la que Eduardo colaborada descongestionando el pecho antes de que mamara su hermana que no se cogía muy bien al principio.

Hace año y medio ya del nacimiento de Alicia, y aún disfrutamos de la teta. Ahora lo pide diciendo “teta” y subiéndose encima mía y me trae a sus muñecos para que les dé el pecho o me lleva hasta el sofá para que me relaje mientras ella mama. Eduardo me pide dibuje una mamá con su bebé a la teta…la lactancia es una realidad más de nuestras vidas.

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Cuando Eduardo tenía seis meses le escribí esto… Hoy puedo dedicárselo a cualquiera de los dos y dar las gracias por poder estar viviendo todo esto.

Mirándote pierdo la noción del tiempo, pierdo la noción de mi misma… he dejado de ser Yo para ser nosotros, he olvidado mi nombre, mis necesidades para pensar en ti… Recuerdo lo pequeño que eras, lo frágil que te veía y la esperanza de alimentarte y fortalecerte que me inundaba en cada toma. Sentía que te daba vida con cada gota de leche que tomabas, sentía que me daba a ti y nada me ha llenado tanto, nada me hace tan feliz como sentirte cerca, sentirte en paz… verte sano, fuerte, tan vivo, tan risueño. Y siento que es gracias a mi, que eres lo más grande que he hecho nunca, y lo mejor que me ha pasado jamás. Cuando te doy el pecho antes de irme a trabajar y te duermes en mis brazos es como si echara raíces a tu lado, como si no pudiera moverme de allí y cuando estoy en el trabajo me viene de repente tu olor  que ha quedado impregnado en mi piel, en mi ropa y me transporto… Me imagino contigo, tocando tus manos, mirando tu cara, sonriendo juntos… te veo en mi pecho mamando y descansando un segundo para regalarme una sonrisa, una mirada que grita que me quieres, que te gusta ese momento tanto como a mi, y que sientes lo que quiero transmitirte, sientes mi amor, sientes la paz que me da el tenerte cerca, sientes el placer que siento en ese abrazo inmenso que nos regalamos el uno al otro, sientes que te quiero y me emociono porque siendo tan pequeño entiendes todo eso, sin palabras, sin lecciones, solo sentimientos.”

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La mayor aventura

Ser padres es toda una aventura. Cuando tienes hijos, hasta ir al baño puede ser un deporte de riesgo. ¿No os ha pasado eso de sentarte a dar el pecho después de un rato de llantos, nervios, y no habéis sentido justo cuando el peque por fin se relaja y se duerme unas inaguantables ganas de ir al servicio? jajajaja.

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Yo llevo más de tres años de aventura, y es sin duda la etapa más bonita de mi vida. Con los niños, todo es un juego, y puede convertirse en una aventura…hasta vestirse para ir al cole! Saltar charcos, ir a la playa, viajar en avión, montar en barco son experiencias que a veces vivimos como algo cotidiano y cuando lo revives de la mano de un niño puede volverse realmente maravilloso. Porteando compartimos más íntimamente esas nuevas experiencias, con más facilidad y les ayudamos a vivir desde una posición de seguridad sensaciones diferentes.

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También las experiencias menos buenas se viven de otra manera porteando. Esta tarde recordaba con unas amigas el ingreso de Alicia cuando tenía 3 semanas.. Fue una experiencia dura, difícil…además Juan Carlos y Eduardo se quedaron en casa así que estábamos ella y yo mano a mano o mejor dicho piel con piel porque no me la quité de la bandolera practicamente en toda nuestra estancia allí…Incluso dormía con ella sobre mi dentro de la bando y la cama un poco reclinada. Cuando le tenían que tomar la temperatura o administrarle el antibiótico lo hacían sin moverla, sobre mi. Fue duro, pero eso nos ayudó a llevarlo mucho mejor.

Sin embargo, aparte de la maternidad en sí misma, he vivido la mayor aventura de mi vida con y gracias al porteo… ¿sabéis cuál es? ¡Si! La tienda. He ido a hacer todos los trámites con Alicia (y muchas veces con Eduardo también) conmigo. Hemos ido al Ayuntamiento, al banco, al Sepe… La tienda la hemos amueblado haciendo mil viajes a Ikea, y nos hemos llevado a los peques. Hemos limpiado, montado muebles, quitado vinilos mientras porteábamos… Y he trabajado y trabajo en el mejor curro del mundo porteando a mis peques (aunque ahora ya solo sean algunos ratos) y ayudando a otras familias a conocer y utilizar esta herramienta que para mi es clave para poder atender y respetar las necesidades de nuestros hijos sin descuidar las nuestras.

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Ya llevamos meses de aventura, desde diciembre de 2013, y cada día la hacéis intensa y maravillosa. Para celebrar esta semana tan significativa con vosotros y agradeceros vuestra compañía en este viaje, quiero sortear una tarjeta regalo para canjear en la tienda de Torrejón entre todas las compras superiores a 50 euros realizadas desde hoy hasta el sábado 11 así que si estás pensando en comprarnos algo… ¡Aprovecha y celebra la SICB con nosotros!

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Después del parto de Alicia

Y después del relato del parto de Alicia tengo que contar los días de después. Eduardo acababa de cumplir dos años cuando nació su hermana. El sentimiento de culpa me invadió desde que vi el positivo. Era muy pequeño y me preocupaba enormemente que sufriera por no poder atenderle como hasta el momento. En el embarazo nuestra lactancia se tambaleó, estuve a punto de destetarle porque tuve agitación del amamantamiento pero aguantamos y me alegro mucho de haber seguido porque aún con sus sombras, estoy convencida de que facilitó la adaptación del paso de 3 a 4 en casa. Eduardo pudo conocer a Alicia a través de nosotros, compartiendo la teta, compartiendo la cama, compartiendo el porteo…

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Recuerdo salir del hospital a las 15 de la tarde, sin comida en la nevera y pedir auxilio no sé si por wassup o por facebook y que Arancha se presentara en casa con lentejas, croquetas… Recuerdo los envases monodosis con lasaña casera de Gabi, la comida de Chantal… Recuerdo esas quedadas por la tarde en el parque para que Eduardo se entretuviera con sus amiguitos sin tener que desplazarnos con la peque. Recuerdo mi cumpleaños en el Deseo y esa “tarta” sorpresa. Recuerdo pasarlo mal, y perder los nervios con Eduardo. Recuerdo el cansancio y lo superada que me sentí muchas veces por la demanda de los dos pero sobre todo recuerdo el apoyo de nuestra “tribu” real, que venía a vernos, que estaba al otro lado cuando el agotamiento me superaba. Y el porteo, nos ha facilitado mucho la vida el porteo.

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Por las mañanas nos bajábamos al parque, y mientras Alicia dormía en el fular, o tomaba teta, yo columpiaba a Eduardo y jugaba con él. A Alicia la pasé a la espalda muy pronto para poder hacer cosas en casa y atender a Edu, pero también porteaba a Eduardo cuando necesitaba mimos. Y Juan Carlos que siempre ha porteado también se ponía a Alicia o a Eduardo si hacía falta facilitando mucho las cosas también. La verdad es que tienen una relación muy estrecha con su padre y me encanta verles tan vinculados.

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Las necesidades familiares cambiaron y así como con Eduardo solo me sentía totalmente cómoda con fular, con Alicia compré una Tula cuando tenía 5 meses y medio y se convirtió en nuestro mejor aliado cuando la peque empezó a menearse de más al colocar el portabebé y Edu entró en fase de autoafirmación.

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El paso de uno a dos hijos nos resultó difícil, porque además fuimos empalmando circunstancias que lo hacían complicado como un ingreso de Alicia con 3 semanas, una mudanza, una operación de rodilla de Juan Carlos, mi despido, abrir la tienda… jejejeje, pero siempre tuvimos cerca a la familia, a los amigos, a gente que está dispuesta a crear un cambio a través de la crianza para que el futuro de nuestros peques sea mejor.

Ver crecer a Eduardo y Alicia es el mejor regalo que la vida nos ha dado, despertar a su lado y mirar mientras se buscan y se abrazan es lo más bonito que se puede vivir cada mañana.

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El 2013 fue un año completito, la verdad, pero todas esas cosas nos han traido hasta aquí, y creo que no podría ser mejor.

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Así naciste, Alicia.

Hace año y medio estaba en el hospital disfrutando de una luna de miel con mi pequeña que me regaló una experiencia maravillosa y el primer paso del inicio de nuestra nueva vida.

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Hace año y medio mis peques se conocían encima mía, en su entorno seguro y se acariciaban mientras compartían el pecho de su madre. Hace año y medio ya. Cómo pasa el tiempo. No ha sido fácil, el paso de un hijo a dos nos ha resultado duro sobre todo porque el hermano “mayor” solo tenía dos añitos cuando nació su hermana, pero de esto ya os hablaré más adelante si os interesa…Hoy quería compartir con vosotros el parto de Alicia. Muchas veces en la tienda, cuando vienen embarazadas, acabamos hablando de partos.

“Y así naciste…

Era viernes por la tarde y me dio la sensación de que perdía líquido amniótico y aprovechando que los abuelos estaban en casa y se podían quedar con Eduardo fuimos al hospital a asegurarnos de que estabas bien. Con tu hermano nos pasó lo mismo en la semana 34+5 y provocaron el parto, pero esta vez quería que fuera diferente. Empezábamos mal, nos dijeron que efectivamente tenía una fisura en la bolsa pero intenté que nos dejaran ir a casa a pasar la noche para dormir Eduardo, al que no me quitaba de la cabeza,  con la esperanza de que te animaras a salir mientras tanto. Nos dijeron que por protocolo no podía ser puesto que había dado positivo el EGB pero conseguimos que nos dieran un margen de unas horas. Ganamos un podo de tiempo para la inducción y nos pusieron una dosis de antibiótico mientras Mariano, de Nuf, me hacía una sesión de acupuntura y nos fuimos a casa a cenar y a dejar dormido a tu hermano. Mientras todo esto sucedía muchísima gente pensaba en nosotros, encendía velitas para que todo saliera bien y nos mandaba energías y mucho cariño. A las dos horas, a la una y media de la madrugada del sábado volvimos con todo listo para recibirte y emocionados por el cariño de familia, amigos, la tribu…Me sentía arropada, segura. Nos pasaron a una habitación enorme en la zona de paritorios. Mi idea era dar a luz, o al menos estar durante la dilatación, en la bañera que tienen en el hospital pero nos dijeron que teníamos que esperar a ver cómo reaccionábamos a las prostaglandinas. Papá y yo pusimos musiquita relajante y nos trajeron velas…Me dijo Beatriz, una de las matronas, que me iban a hacer un tacto pero les pedí que no lo hicieran pues ya me habían hecho uno por la tarde y tenía el cuello totalmente en posterior y permeable y no había tenido ninguna contracción significativa desde entonces como para pensar que algo hubiera cambiado.

A las tres y media nos pusieron la siguiente dosis de antibiótico y el propes. Nos pusieron monitores y nos dijeron que tenía que estar dos horas en la cama esperando. Apagamos todo e intentamos descansar. A la hora de estar así desperté a papá pues estaba muy incómoda…empezaba a dolerme la espalda y de vez en cuando me venía algún pinchazo acompañando una contracción. Necesitaba compañía y mimos y eso me dió. A la hora ya no podía más y me dejaron levantarme. Nos habían dicho que si el propes no hacía efecto a las cinco y media nos subían a la habitación y yo estaba convencida de que, como con Eduardo, el propes no me iba a poner de parto pero sí hacerme pasarlo mal. Los monitores me agobiaban, se perdía la señal continuamente, y empezaba a estar helada con el camisón del hospital. Nos dijeron que aún no podía subir a planta porque llevabas dormida un rato y no podíamos irnos hasta que mostraras actividad durante un rato más. A las 6 de la mañana me dió el bajón, empecé a dudar de mis fuerzas.El cansancio y la falta de confianza empezaba a hacer mella y me eché a llorar. Miré el móvil y me acababa de escribir Sara, nuestra doula que, como si hubiera una conexión mágica, siempre me escribía cuando me pasaba algo. “Voy para allá” dijo en cuanto me oyó la voz. Eva se acercó a ver cómo íbamos. Las contracciones que me daban ya dolían bastante, pero seguía convencida de que no estaban haciendo nada y que estaba pasándolo mal para nada, me veía con oxitocina y pidiendo la epidural como había pasado con Eduardo puesto que esas contracciones ya dolían mucho y “no eran de verdad”. Eva me estuvo dando ánimos, solo su presencia me reconfortaba,  y pedí que me quitaran los monitores y ponerme mi pijama, pues estaba con una manta tapada helada de frio sentada en la pelota. Pilar, otra matrona, me dijo que si quería una colchoneta al ver que el cuerpo me pedía estar de rodillas.

Serían las siete de la mañana cuando me puse mi pijama, ya sin monitores, y me trajeron una colchoneta y de rodillas con el pecho en la pelota agarrando la cama me relajé y empecé a llevar las contracciones mejor. Pusimos la música, llegó Sara, y la cosa empezó a ponerse interesante. Estaba concentrada en sentir, en respirar y descansar entre contracción y contracción. Las contracciones eran mucho más intensas y seguidas que las de antes pero las llevaba mucho mejor. Nos trajeron un saquito de semillas y el calor me aliviaba un montón. Cuando me daba una contracción Sara me daba masaje y presionaba en la espalda. Cuando les hacía algún comentario que me sacaba de mi concentración, me dolía el triple la siguiente contracción así que opté por no distraerme. Hubo un momento en que me levanté a abrazar a papá, que estaba acompañándonos y viviendo esta experiencia tan conscientemente. Sara notó que a partir de ese momento las contracciones empezaron a ser más fuertes y regulares, y confiando en las cosas que nos hacen segregar oxitocina de manera natural, empezó a turnarse con él para darme masaje y acariciarme en las contracciones. Me ofrecían agua y si alguna matrona entraba les preguntaba directamente a ellos de manera que yo pude estar a mi bola conectada contigo todo el tiempo. Te hablaba, te expliqué que eso que sentías eran contracciones y servían para guiarte. Que tenías que ir bajando para salir y estar juntas, y llegó un momento que empecé a notar cómo bajabas. “Creo que Alicia lo está pillando” murmuré, y empecé a animarte en cada contracción. Ahí empecé a pensar que quizá esas contracciones sí habían sido de verdad a pesar de que las estaba llevando tan bien. Estaba incluso disfrutando sintiéndolo todo ¿era eso posible? Todo lo que había leido en blogs sobre partos respetados, las experiencias de las epeneras, los videos de youtube…era real! se puede! podemos!. En seguida las contracciones pasaron a ser más fuertes, ya no me bastaba con respirar, me salía un AHHHHH super profundo y apretar me aliviaba. ¿Me aliviaba apretar? No podía ser, seguro que eran paranoias mías. Se lo dije a Sara que me dijo “Natalia, ¿te parece que quitemos los pantalones ya? Y entre Juan Carlos y ella me desvistieron de cintura para abajo. AHHHHH, cada vez eran más seguidas y eso que las anteriores me daban cada tres o dos minutos. Con Eduardo, me dijeron que empujara cuando estaba completa y al segundo empujón me dijeron “ya está aquí” y esta vez, al llevar varias contracciones en las que había apretado y que “no estuvieras ahí” me hizo dudar de mi. “No sé empujar, no voy a poder” Sara me decía “Claro que sabes, haz lo que te pida el cuerpo” pero mi inseguridad me hacía sentir miedo y no me podía relajar entre contracciones como antes.

Serían las nueve y media cuando vino Asun, la matrona del siguiente turno y empezaron a preparar cosas, a cambiar los empapadores de la colchoneta que estaban llenos de líquido pues unas contracciones antes había roto la bolsa, a ver cómo iba…Me terminé de desconcentrar. “¿Qué tal estás?” me preguntó, a lo que contesté que no sabía empujar, que estaba empujando y no servía de nada. “Bueno, es que a veces lo forzamos…empujamos sin que haya llegado el momento” Dios mio, eso me estaba pasando…estaba forzando, seguro que no era el momento y me había flipado. Me entró el pánico de pensar que me quedaba mucho todavía, que no iba a poder aguantarlo, que no tendría fuerzas de empujar llegado el momento pues llevaba toda la noche sin dormir y pedí la epidural. Ya había llegado a un punto de gritar en cada contracción y morder el colchón de la cama. No podría estar así mucho tiempo, y encima estaba dando el espectáculo, pensaba. “Llama al anestesista” sollozaba. La matrona me dijo “¿no quieres probar el gas?” y le dije que bueno. Lo trajeron y me explicó cómo funcionaba. Le escuchaba a duras penas, no era capaz de relajarme entre contracciones y el dolor era casi constante, había perdido totalmente el control. Chupé lo del gas y me giré a morder el colchón que me resultaba mucho más efectivo. “Llama al anestesista, quiero la epidural!!! me da igual que sea tarde!! por favor, por favor!” “lo siento” dije mirando a Juan Carlos y Sara “no puedo” No quería ponerme la epidural, no quería, pero dudé de mí, dudé de tu capacidad para nacer y la mía para parir. Salió ese miedo y esa desconfianza en nuestros cuerpos que tan interiorizado tenemos y me sentía fatal pero quería disfrutar del parto como lo había estado haciendo hasta hacía un rato, y me daba miedo que ese dolor me agotara para el expulsivo. Estaba tan bloqueada que llegó Eva y comentó que eras rubia y con poco pelo pero yo no procesé esa frase hasta mucho después…Si en ese momento la hubiera asimilado creo que hubiera podido volver al centro. Asun me dijo, “¿Y no quieres probar en la bañera antes de llamar al anestesista?” Ellos solo querían ganar tiempo, sabían que quedaba poco pero a mi no me llegaba ese mensaje, estaba bloqueada. ¿Bañera ahora? ¿cómo querían que me cambiara de habitación si no podía ni levantar una rodilla del suelo entre contracciones? ¿Y si tenía opción de meterme en la bañera…cuánto tiempo así me quedaba? “Noooooooooooo, llama al anestesista” quería matarla, “estamos perdiendo mucho tiempo” le dije. “Bueno, pero primero déjame que te mire un momento” Y ahí pensé, Alicia tiene que estar aquí, siento cómo se me abomba el periné cuando aprieto, ¿cómo no lo ve esta mujer? Y como quien lanza un órdago apreté con todas mis fuerzas en la siguiente contracción cuando se colocó detrás mio. O veía la cabeza o me iba yo a por el anestesista.. Y entonces sacaste media cabeza. “Espera que me estoy poniendo los guantes!” dijo Asun, pero me quemaba y le pedía que tirara de tí, que te sacara! entonces vino otra contracción y al empujar sacaste el resto de la cabecita, y en la siguiente saliste entera y dejó de dolerme todo. No me lo podía creer, yo tenía razón, te sentía a tí! no eran paranoias! Te cogí corriendo de entre mis piernas y te pedí perdón mil veces. Sentía tanto haber dudado de tí! Haber perdido el control…Vi a papá y a Sara llorando y yo no paraba de mirarte y de decirte lo siento. Casi lo tiro todo por la borda, tú lo estabas haciendo tan bien! Lloro ahora al recordarlo, me diste otra lección. Lo habíamos conseguido! Lo habíamos conseguido! ya estabas en mis brazos…”

Recordándolo ahora me sigo emocionando y también me da la risa recordando la conversación de Asun y cómo pretendía tranquilizarme y que no pensara en el dolor para ganar tiempo porque veía que estaba ya a punto y cómo mi cabeza procesaba lo que le daba la gana. Recuerdo con mucho cariño a Mariano y Sara que se desvivieron para acompañarnos, a Eva con la que había bromeado sobre ponerme de parto en sus guardias, a Bei con la que casi comparto jacuzzi, y a todos los profesionales del hospital que nos atendieron tan bien. Recuerdo la cantidad de mensajes y velitas que recibimos cuando avisamos de que habíamos fisurado la bolsa y me siento muy afortunada. Y pienso en la carita de Alicia, sus ojos profundos mirándome y ese piel con piel en el que nos sumergimos.

Gracias mi niña por cada sonrisa, cada abrazo, cada beso y cada minuto de porteo que me has regalado en este año y medio. Te quiero

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